Llega mayo y por fin podemos abrir las puertas de este proyecto al que hemos dedicado tanto tiempo y esfuerzo. Nadie dijo que sería fácil, ¡ni tan difícil! Lo sencillo que suena un proyecto en nuestras cabezas y la de patadas que hay que pegar después.

Nos enamoramos del concepto del rickshaw en Vancouver, ciudad en la que caímos más o menos de pie cuando en España no estaban las cosas para muchos trotes. Ahí vimos por primera vez ese medio de transporte de los mil nombres: tuk tuk, triciclo, bicitaxi, rickshaw… o ‘eso que llevan los chinos’ que nos han dicho algunos vecinos del barrio del Carmen. El viento nos llevó después a Edimburgo, esa ciudad que parece encantada pero en la que las cuestas, la lluvia y el viento no te dejan ensimismarte demasiado. ¡Y allí era todo un éxito! Y luego vimos que también estaba en Copenage, ¡cómo no!, Ámsterdam, París, Londres… Y no nos fue difícil encuadrarlo en nuestra Valencia, a la que tanto quiere el sol y tan ideal para pedalear.

Cuadraba con nuestra ciudad y con nuestra pasión por los pedales. Nos pareció el perfecto aterrizaje después de 5 años viviendo fuera, el último viajando en bicicleta por Europa y Asia.

¡Manos a la obra! Un poquito de formación a ritmo de las famosas start up que a veces nos confundieron más que orientarnos, mucha investigación online y cienes y cienes de visitas a los organismos oficiales para volver por donde habíamos venido. Encontramos nuestros vehículos en la vecina Barcelona, pasaron por boxes en Valencia y completamos la equipación en los comercios locales. El barrio Carmen se alzó como nuestra sede (oh yeah!). Mucha improvisación y la inmensurable ayuda y apoyo de nuestra tropa siempre dispuesta a recoger el guante.

Con una flota de 3 rickshaws, 10 bicicletas y 4 piernas nos disponemos a ofrecer una forma de hacer turismo diferente, divertida y respetuosa. En nuestra cabeza aún retumban un montón de proyectos más que, de momento, se conservan fresquitas en la nevera de ideas. ¡Os esperamos!